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El Punk de la Ternura

No vestimos géneros. Vestimos voluntades.

En un territorio construido entre nativos e inmigrantes, Honoré Japón expande el territorio. Somos producto de múltiples acontecimientos singulares. En una sociedad que se mueve entre alarmas vibrantes, estímulos incipientes y deseos perdidos, creemos que somos la gota que se desprende del árbol para caer en el brote.

Nacimos en el caos del taller. Ahí donde la máquina de coser no produce en serie: piensa. Para nosotros coser es un trabajo intelectual, y una prenda solo es bella cuando es la consecuencia de un encuentro.

Trascender se vuelve posible con el simple acto de pensar el vestir, como esa primera piel que nos conecta con el mundo que habitamos. Hacer la primera piel para ser la segunda, y ser la segunda piel para ser la primera, y multiplicar al infinito.

Nos dicen punk porque elegimos el camino lento de la costura a mano en plena era de la hiperconexión. Nos dicen punk porque tomamos la falla, el nudo, la línea que se escapa, y en lugar de esconderlos bajo la alfombra de la perfección industrial, los volvemos un umbral hacia la libertad. Frente a la tiranía de lo idéntico y lo descartable, nuestra costura es una insurrección.

Entendemos que no hay universales. Que es en lo particular, en el accidente, en el vacío, en lo heterogéneo, donde se deviene puntada. Calcamos, para luego cartografiar nuestras pieles. Técnicas al servicio de contar una historia: el remiendo como parte del proceso, sin apurar el resultado. La superposición como parte de vivir. El molde como expresión del cuerpo. Las telas como lienzo de una obra que se compone al caminarlas.

Pero nuestra rebelión más honda es la ternura.

Ternura es ponerle el cuerpo al oficio por amor al hacer. Ternura es diseñar con compasión para ser amorosos con nosotros mismos.

La tendencia le pertenece a otros. Nosotros construimos un territorio. 

Honoré es un hogar para el sentir. Honoré es un templo para la contemplación de las voluntades. Honoré es una escuela para los oficios. Honoré es una casa donde no se necesita gritar para ser escuchado.

Un acto de amor y de rebeldía.

Bienvenidos a la Casa HJ.